Ortega

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La casi totalidad de los genealogistas conceden al apellido Ortega un origen real. Se asegura que procede de los Duques de Bretaña, en Francia, desde donde, algunos caballeros de esta ilustre casa, pasaron a la Península en ayuda del rey don Ramiro II de León en su lucha contra los invasores moros, en el siglo X. Este rey, en agradecimiento a esta ayuda, dio en matrimonio a uno de aquellos caballeros a su hija doña Ortega Ramírez, cuyos descendientes adoptaron el nombre materno como apellido, cosa, por otra parte, muy usual en aquella época.

Todo lo anterior puede ser cierto o no, pero lo que sí es evidente es que los Ortega aparecen desde tiempos muy antiguos con casas solares en las montañas de Burgos y valle de Mena, así como en Carrión de los Condes, en la provincia de Palencia. Con posterioridad, este apellido, fue extendiéndose por ambas Castillas, así como por el resto de España, con especial incidencia en Andalucía.

Los Ortega también estuvieron presentes, desde el primer momento en el descubrimiento y posterior colonización del Nuevo Mundo. Durante varios siglos, los miembros de este ilustre linaje han ocupado un destacado papel en la historia patria, bien sea en puestos políticos, militares o religiosos, probando innumerables veces su hidalguía y limpieza de sangre en las Reales Chancillerías y Tribunales al efecto. Son numerosos los Ortega que ingresaron en las distintas Ordenes Militares.

Entre los conquistadores de la Nueva España puede, y debe citase, a don Juan de Ortega quien llegó con Hernán Cortés, primero como Paje y posteriormente alcanzó el cargo de Alcalde Mayor de la ciudad de México, una vez conquistada la antigua capital del Imperio de los aztecas. Estuvo presente en todas las campañas y fue uno de los que más se destacaron en la batalla de Otumba, en la que resultó herido de gravedad. Por lo que se sabe de este personaje, fue hombre no solamente de armas sino un buen administrador como lo demostró al convertirse en Alcalde Mayor de la ciudad mejicana.

Pero no fue el anterior caballero el único que se distinguió en la conquista de la Nueva España: Don Alonso Ortega, natural de Portillo (Valladolid), que llegó en 1.536, todavía a tiempo de tomar parte en los postreros combates de aquella conquista, participando en la pacificación de Jalisco, avecindándose después en la ciudad de México, población en la que contrajo matrimonio, fundando familia Ortega en 1.547; don Antonio de Ortega Guillén, natural de Guadalcanal (Sevilla), que llegó al Nuevo Mundo en 1.540, y tomó parte en la pacificación de la Nueva Galicia, avecindándose después en la ciudad de Puebla, donde se casó, fundando otra línea de la familia Ortega.

Don Cristóbal Ortega, nacido en Jerez de la Frontera (Cádiz), que fue uno de los primeros de este apellido que llegó a Nueva España, ya que lo hizo en el año 1.512, lo que le permitió participar en todas las campañas y fue uno de los sobrevivieron a la famosa "Noche Triste", en la cual Hernán Cortés y los restos de su ejército tuvieron que abandonar la capital de los aztecas, para reconquistarla después de siete meses de asedio. Estuvo en posesión de las Encomiendas de Tampala y Topia y falleció en el año 1.545.

Otros Ortega que se destacaron en el Nuevo Mundo fueron don Juan Ortega y Montañez, Obispo de Durango en 1.674, don Fernando Ortega Patiño, Contador del Tribunal de Cuentas en 1.706 y don Lucas Ortega y Montañés, Relator de la Sala del Crimen de la Real Audiencia de México en 1.777.

Los miembros de este apellido que vistieron, hábito de las distintas Ordenes Militares, son innumerables. Se los encuentra en las de Alcántara, Montesa, Calatrava, San Juan de Jerusalén, Real Orden de Carlos III, etc. etc. Todos probaron debidamente su hidalguía y nobleza de sangre.

Otros Ortega se destacaron también en el Nuevo Mundo, y por citar un ejemplo mencionaremos a don Mariano Ortega y Mariño, capitán y prócer de la independencia colombiana que fue Edecán del presidente de la República de aquél país, don Francisco de Paula y Santander, nacido en Bogotá en el año 1.804.

Don Juan de Ortega y Sousa, nacido el año 1.628, capitán del ejército de España que fue Sargento Mayor del Virreinato de la Nueva España, de quien se dice era tan diestro con la espada que era capaz de enfrentarse a tres reputados espadachines y salir vencedor del lance.

En España y como ya ha quedo dicho, los numerosos miembros de este apellido que se hicieron notar por su valía, partiendo de la Reconquista, es tan extensa que resulta prácticamente imposible reseñarlos a todos.

Pero sí es de justicia citar también a otro miembro del apellido don Juan Ortega Montañés que fue prelado y administrador, y al cual hemos citado antes de pasada. En 1.662 fue nombrado Fiscal de la Santa Inquisición de Nueva España para posteriormente desempeñar los obispados de Guadiana, Guatemala y Miochoacán. Fue nombrado virrey interino y durante su mandato favoreció la instalación de los jesuitas en California. Posteriormente se le nombró Arzobispo de México y otra vez tomó a su cargo el virreinato que desempeñó hasta 1.701.

En los tiempos modernos, no puede acabarse el estudio sobre el apellido Ortega sin citar al eminente filósofo don José Ortega y Gasset, cuya fama es mundial. El pensamiento orteguiano es harto conocido para hacer una semblanza aquí: sostiene el primado de la razón vital destinada a la comprensión de la vida: Ortega exalta a las minorías selectas o egregias, artífices del proceso histórico y artístico.

Ramón Ortega y Frías, escritor natural de Granada, seguidor de Fernández y González en su estilo literario. José Ortega y Munilla, también escritor, aunque nacido en Cuba.

Godofredo Ortega Muñoz, pintor que estuvo en contacto con Pablo Picasso, de obras de paisajes impresionistas, de colorido, que en 1.956 obtuvo el Gran Premio de Pintura en la II Bienal Hispanoamericana y así otros muchos que harían esta relación excesivamente extensa.


Armas


En campo de azur, seis bandas de oro; bordura de gules, con diez aspas de oro. 


Otros traen: En campo de oro, un peral, de sinople, frutado, de oro. 


Otros traen: En campo de gules, un león de oro, coronado de lo mismo.


Otros traen: En campo de oro, cinco matas de ortiga, de sinople, colocadas en sotuer. 


Originario de Castilla y radicado en Madrid y Buenos Aires, traen: En campo de oro, una tao, de gules. 


Otros traen: En campo de plata, una cruz paté, de gules, cargada de cinco panelas, de oro.


Otros traen: En campo de gules, cuatro rosas, de oro, puestas en los cantones.  


Otros traen: En campo de oro, cinco lises de azur, puestas en sotuer; bordura de gules con ocho aspas, de oro. 


Otros traen: En campo de plata, un palo, de azur. 


Los casa Ortega de Cinco Villas y los de Gallur y Tauste, de la provincia de Zaragoza, traen: Escudo partido: 1º, en campo de azur, una flor de lis, de oro, y 2º, en campo de oro, una rueda de carro, de sable; bordura de plata con ocho armiños, de sable.


Los radicados en San Clemente y San Fernando, y otros Ortega de Cinco Villas, en la provincia de Zaragoza y algunas poblaciones de Aragón, traen: Escudo cuartelado: 1º y 4º, en campo de azur, una flor de lis, de oro y 2º y 3º, en campo de oro, una rueda de carro, de sable; bordura de plata, con ocho armiños, de sable. 


Otros traen: En campo de oro, un castillo de azur, rodeado de ocho panelas, de gules. 


Originario de Badajoz, y radicado en Venezuela, traen: En campo de azur, cinco llaves, de oro, puestos tres y dos, en faja; filiera de plata.


Radicado en Andalucía, establecido en Cádiz y pasado a Indias, traen: Escudo cortado: 1º, de sinople, una banda, de oro, engolada en dragantes de lo mismo, 2º, de plata, un árbol, de sinople, terrasado de lo mismo.


Radicado en Villanueva del Conde (Salamanca), traen: En campo de azur, cinco fajas ondeadas, de plata.


Los de Almería traen: En campo de oro, un puente de tres arcos, de gules, sobre ondas de agua de azur y plata; sobre el puente, dos pinos de sinople. 

D. Juan de Ortega, primer obispo de Almería traía: Una torre de cinco almenas, sobre un puente de cinco ojos, acostada de dos árboles, uno a cada lado, y con un león pasante, saliendo de la puerta, viéndose su grupa por detrás de la torre. (Se ignoran los esmaltes).