Sáez

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Apellido patronímico derivado del nombre propio «Sancho» (Sanctius), al igual que Sáenz, Sáiz y Sáinz, muy usado en la antigüedad. Como la mayor parte de los de su género; tuvo y tiene gran difusión en todas las regiones españolas y países iberoamericanos. Sus características son las repetidamente explicadas en las informaciones de otros patronímicos, tales como Alonso, Álvarez, García, Gómez, González, Gutiérrez, Pérez, Ramírez, etc.

Su origen se cita como en la Montaña de Santander, aunque también se encontraban solares de este linaje en Vizcaya, La Rioja y Navarra. Su extensión es posterior y no se puede decir en cuales se encuentra más difundido dada la expansión que se llevó a efecto.

En la Montaña de Santander se encuentran dos casas de este linaje, la del lugar de Nestares, en 1.545 y la de Rozas, en 1.590. Ambas probaron debidamente su nobleza. Una familia se ubicó en Riaza, en Segovia, y probó su hidalguía en la Real Chancillería de Valladolid. Otra línea Sáez radicó en Arévalo (Ávila).

Sin embargo hay que advertir, que el Sáez lo han llevado y llevan familias de muy distinto origen, sin nexo de sangre, ni de parentesco, cuya investigación, en la mayoría de los casos, sería estéril intentar averiguar. Sólo aquellas en las que perdura su condición hidalga mantenida durante siglos, por la tradición de padres en hijos, por la notoriedad de su ascendencia, claro indicio de abolengo, y sobre todo por documentos probatorios de su arranque, lugares en que sus casas radicaron y prerrogativas y distinciones alcanzadas, ofrecen posibilidades para el estudio de su desenvolvimiento genealógico.

Probó numerosas veces su nobleza en diversas épocas, en la Órdenes de Santiago, Calatrava, Alcántara y San Juan de Jerusalén, en las Reales Chancillerías de Valladolid y Granada, y en la Compañía de Guardias Marinas.

Víctor Damián Sáez, canónigo de Sigüenza y Toledo, confesor de Fernando VII hasta su destitución. Durante la Regencia absolutista fue ministro de Estado y al recobrar el poder Fernando VII lo nombró ministro universal pero tuvo que destituirle forzado por las protestas exteriores ante la intensidad y dureza rayana en la crueldad con que se dedicó a perseguir a los elementos liberales.

Usan las mismas armas que los Sáenz.


Armas


Los Sáez, de La Rioja, traen: Escudo partido, 1º, de oro, un árbol, de sinople, y 2º, de gules, tres bandas, de oro; bordura general de plata, con ocho armiños, de sable.


Los Sáez, de Huesca, traen: Escudo partido: 1º, de sinople, un toro, de oro, y 2º, de gules, una luna, de plata, rodeada de trece estrellas del mismo metal.


Otros Sáez, traen: En campo de gules una montaña, de oro, surmontada de un león del mismo metal.


Otros Sáez, traen: En campo de sinople, una banda, de oro, engolada en dragantes del mismo metal.


Los Sáez, de Álava, traen: En campo de sinople, una torre de piedra almenada, con capitel de azur; bordura de gules, con cuatro aspas de oro y cuatro panelas de plata, alternando.


Otros Sáez, traen: En campo de oro, una cruz, de azur.


Los Sáez, de Guadalajara, traen: En campo de azur, cinco estrellas, de plata.


Los Sáez, radicados en San Ildefonso, traen: En campo de oro, dos podencos, de su color, puestos en palo; jefe de oro, con un águila imperial, de sable. 


Un castillo acostado de dos árboles, uno a cada lado, y a la puerta del castillo un ave que lleva una argolla en el pico. (Desconocemos los esmaltes).