Alzira

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Alzira es una ciudad de la provincia de Valencia, en la Comunidad Valenciana. Es capital de la Ribera Alta del Júcar y cuenta con 44.752 habitantes (censo 2011).

Fue fundada por los árabes con el nombre de Al-Yazirat Suquar (en español, La Isla del Júcar).

Durante el dominio musulmán, Alzira fue una población muy importante que llegó a tener gobernación propia. Con los almorávides fue foco destacado de diversas rebeliones contra los cristianos y con el intento de unificación almohade pasó a declararse partidaria de estos. La villa, baluarte completamente amurallado, contaba con unas cuantas mezquitas, casas de baño, molinos, etc... El tratado geográfico de Al-Zuhví, escrito hacia el 1147, señala la existencia en Alzira de un gran puente de tres arcos, obra antigua y de excelente factura, así como que sus habitantes eran gente acomodada. De entre los alcireños de la época destacan los literatos Ibn Jafaya. Ibn Amira, Abu Bakr Ibn Sufyan Al-Majzumi, Abu L-Mutarrif Ibn Sufyan Al-Majzumi y Abu Al-Rahaman Ibn Sufyan Al-Majzumi, el médico y filósofo Ibn Tumlus, los jurisconsultos Ben Abil Kasal y Abu Baker, el historiador Algapheker abu Abdalla, y el matemático Ben Rian, entre otros.

El 30 de diciembre de 1242 reconquistó la ciudad el rey Jaime I de Aragón, en un episodio fundamental para la conquista del nuevo Reino de Valencia, ya que Alzira era la única ciudad por la que podía cruzarse el río Júcar, de ahí su lema Claudo regnum et adaperio (Abro y Cierro el Reino). El soberano concedió a la villa infinidad de privilegios, entre los que destacó el de mero y mixto imperio, con jurisdicción en causas civiles y criminales, sobre cuarenta y dos municipios, así como el título de Coronada y Fidelísima Villa Real. Su rango de villa real le dio voto en las Cortes del Reino de Valencia.

La vinculación del conquistador con la ciudad fue grande. Jaime I pasaba largas temporadas en Alzira, por la que sentía especial predilección, en la casa-palacio que popularmente recibió el nombre de Casa real o del rey o Casa de la Olivera. Actualmente está en marcha un proyecto para la recuperación y conservación del edificio. Su segunda esposa, doña Violante de Hungría fundó en Alzira el Convento de Santa María de Montpellier, en memoria de la madre del Rey, que fue donado a la Orden cisterciense en 1274 y que desapareció tras la desamortización de 1820. Fue en Alzira donde, en 1276, el monarca abdicó en favor de sus hijos Pedro III el Grande, que heredó los reinos de Aragón y Valencia, y Jaime II, que heredó el Reino de Mallorca. En el trance de su muerte, como había dispuesto, Don Jaime fue amortajado con los hábitos del císter, orden a la que perteneció San Bernardo de Alzira, patrón de la villa. El episodio de la muerte del rey es controvertido. Según las crónicas, una vez hubo abdicado en Alzira, murió de camino hacia Valencia. No obstante otros, basándose en la Crónica de Ramón Muntaner señalan la residencia real de Alzira como lugar del fallecimiento, tras el cual fue trasladado ya cadáver a la capital del reino y posteriormente al monasterio de Poblet donde fue enterrado definitivamente.

Alfonso I, en 1286, le concedió la facultad de celebrar ferias. La villa tomó parte activa en la guerra de La Unión, participó en las Cortes del Reino y ejercitó un papel destacado en el Compromiso de Caspe.

Tuvieron convento en la ciudad los jerónimos (Monasterio de Santa María de la Murta, 1401), las agustinas (Santa Lucía, 1536), cuyo convento gozó de la protección de la reina Margarita de Austria, los franciscanos (Santa Bárbara, 1539), los trinitarios (San Bernardo, 1558), los capuchinos (La Encarnación, 1614), etc. De todos ellos, La Murta fue el cenobio más destacado, ya que había contado desde su fundación con la protección de importantes familias aristocráticas como los Serra, los Vich o los Vilaragut, así como importantes personajes del alto clero como el cardenal Cisneros o el patriarca San Juan de Ribera, y de la realeza, tras la visita y estancia en el monasterio, en 1586, del rey Felipe II, y sus hijos, el príncipe Felipe (futuro Felipe III de España) y la infanta Isabel Clara Eugenia (futura gobernadora de los Países Bajos).

Los siglos XVI y XVII supusieron un receso en el orden político y económico. Se segregaron de la villa: Carcaixent, Guadassuar y Algemesí, y sufrió los efectos de la expulsión de los moriscos (1609).

En la Guerra de Sucesión Alzira se declaró partidaria del archiduque Carlos por lo que Felipe V, tras vencer la guerra, abolió todos sus fueros y privilegios. Durante la guerra contra los franceses, en 1811 se trasladó a Alzira la Junta de Defensa de la provincia. En 1814 la ciudad recibió la visita del rey Fernando VII.

En 1820 se crea el partido judicial de Alzira. En 1853 llega el ferrocarril a la villa. El 8 de agosto de 1876, Alfonso XII, en consideración a la importancia que por el aumento de la población y desarrollo de su industria y su comercio había conseguido la villa, le concedió el título de ciudad. En 1885, Alzira se prestó al insigne doctor Jaume Ferrán Clua para que experimentara la vacuna anticólera.

Monumentos

A pesar de las graves pérdidas que la ciudad ha sufrido a lo largo de la Historia en su patrimonio cultural, Alcira todavía ofrece una interesante riqueza monumental, localizada principalmente en la Villa o centro histórico, hoy peatonalizado, bien de interés cultural (BIC) en constante recuperación, en el que destacan el principal templo urbano, la arciprestal de Santa Catalina y la Casa Consistorial (monumento nacional). Son también de interés la Cruz Cubierta gótica y el cinturón amurallado.

La Cruz Cubierta.

La leyenda de que Jaime I el Conquistador murió en el lugar donde se emplaza la cruz, mientras era trasladado a Valencia, fundamenta para algunos su construcción en honor del monarca. No obstante los historiadores sitúan su muerte en la residencia que el rey tenía en Alzira, considerando la cruz como un símbolo de la conquista de la ciudad para la civilización cristiana-occidental.

Ayuntamiento.

Edificio del Siglo XVI. Ocupa un palacio de estilo gótico-renacentista, típico de las mansiones valencianas, construido entre 1547 y 1603. En 1930 fue declarado Monumento Nacional. El Archivo Municipal de Alcira, custodiado en esta Casa Consistorial, contiene algunos de los más valiosos legados documentales de la Comunidad Valenciana. Entre la documentación que guarda destaca la serie de pergaminos de la Cancillería Real, la colección de los Llibres dels Actes dels Jurats e Concell, el repertorio de Protocolos Notariales, los Padrones de la Acequia Real del Júcar, y el más valioso, el códice miniado del siglo XIV "Aureum Opus Privilegiorum Regni Valentie", que contiene un registro de privilegios. Está datado en 1380, si bien en los siglos XV y XVI se le añadieron más privilegios.

Casalicios del Puente de San Bernardo.

Antiguo Puente de San Agustín, siglo XIII. En 1717 se instalan los casalicios con los patronos, pasando a denominarse Puente de San Bernardo o Pont de Sant Bernat. En 1967, la eliminación del brazo del río Júcar que atravesaba la ciudad llevó consigo la desaparición del mismo y la urbanización de la actual avenida de los Santos Patronos o Sants Patrons, respetando el monumento en mitad de esta vía.

Iglesia arciprestal de Santa Catalina.

Este edificio data del siglo XIII. Construida sobre la mezquita mayor su actual arquitectura es de estilo barroco. Su portada fue realizada por Gaspar Díez en 1692. Es la sede del Arciprestazgo de Alzira, llamado de San Bernardo Mártir (Sant Bernat Màrtir), dentro de la archidiócesis de Valencia.

Santuario de Nuestra Señora del Lluch.

Se encuentra situado en la cima de un montículo integrado en la trama urbana de la ciudad, llamado Montañeta del Salvador, en el lugar que ocupó la Ermita del Salvador. Fue levantado a partir de 1927, financiado por colectas ciudadanas, finalizando su construcción total con la coronación del campanario en 1966. Alberga la imagen de la Patrona de la ciudad, Santa María del Lluch, obra del escultor Antonio Ballester Vilaseca.

Monasterio de La Murta.

En el corazón del valle de la Murta subsisten los restos del histórico cenobio de jerónimos, en sus tiempos emporio de cultura y espiritualidad y centro de peregrinaje de reyes, nobles y líderes religiosos. A destacar la torre de las palomas y el puente de acceso a la derruida iglesia. También destacan dentro del conjunto la Casa y jardín romántico del siglo XIX.